PAS y energías (1ªParte)

11.11.2020

Persona Altamente Sensible (PAS)

Personalmente, no me gustan nada las etiquetas. Considero que condicionan y nos anclan en una zona de confort, encasillándonos en el "yo soy así" y eso es limitarse, además de ser irreal. Somos muchísimas cosas, en ocasiones opuestas, cambiantes y, a su vez, no somos nada de eso, nada de lo que tu mente/ego te dice que eres y aún menos la sociedad. Somos enormes, infinitos, ilimitados, somos amor, somos luz, pero claro, todo esto coexiste en ti, junto con este cuerpo y los roles que transitamos en esta vida. 

Pero si tú compartes esta creencia de que, en esencia, somos "Sat Chit Ananda" (amor, conocimiento y felicidad absolutos), probablemente el ser PAS te ayude a conectar mejor con aspectos más sutiles de la vida.

Esto no siempre va a ser una ventaja, ser una persona con una alta sensibilidad tiene su parte positiva y otra no tanto. La parte bonita, el "don", es que somos muy empáticos, perceptivos/as, sensoriales, sensitivos, reflexivos, intuitivos, resolutivos y creativos. Por eso, este perfil es común en profesiones ligadas al arte, trabajos humanitarios y espirituales. 

El aspecto conflictivo es cuando esa facilidad sensitiva/sensorial, se da también con energías más densas. Suponiendo un desgaste importante, por ejemplo, los ambientes con mucha gente, el barullo y la música alta, ver contenido violento en TV, tener que alzar la voz, presenciar situaciones tensas o escuchar en nuestro entorno constantemente discursos desde la carencia, el miedo, la queja, el sarcasmo o la rabia. Y también, el no atender nuestras necesidades fisiológicas: el descanso, la alimentación o estar en estancias con temperaturas que no nos resulten agradables. Este hecho de sentirse sobreestimulado/a frecuentemente, hace que también haya un mayor riesgo de transitar estados de ansiedad o depresión.

Por eso hemos de trabajar mucho en nosotros/as, en elevar nuestra vibración, en recargar pilas del desgaste energético que nos supone el exterior. Para mí es necesario siempre pasar un tiempo a solas, en silencio, en calma, respirar y sentirme, conectar conmigo de nuevo. 

En mi caso, tomé mayor conciencia de esto hace ya unos años, después de varios sucesos en mi vida donde los niveles de ansiedad fueron in crescendo. Es común que, después de un momento de catarsis, donde seguir en la "zona de confort", de lo conocido, ya no es viable, asumas que tienes que aprender a conocerte, a escucharte, a atenderte y, a posteriori, también acabas agradeciendo y entiendo toda tu historia, porque sin ella, no serías la persona que eres hoy.

Explico esto, porque yo, "causalmente" siempre he tenido empleos y frecuentado ambientes que eran la antítesis a lo que mi alma necesitaba. Por ejemplo, he trabajado durante años en el mundo de la publicidad y también en una discoteca y en ambos empleos lo pasaba realmente mal, de llegar a casa y llorar, sin aparente razón, pero sentía como una carga energética muy densa y un agotamiento que me llevaba a ello. No era solo estrés, era algo más sutil. En concreto, en la discoteca, era algo supersensorial. La energía del lugar, que era un sótano oscuro y húmedo. La energía de todas esas personas evadiéndose de sus problemas mediante el alcohol y las drogas. Y bajo ese telón frívolo de risas y ligoteo, se respiraba tristeza, soledad, enfado, frustración y una ausencia total de amor propio y amor en general. Los PAS podemos percibir y sentir las sensaciones y las emociones, la energía que hay en el ambiente de manera más intensa y esto puede llegar a ser agotador. Eso, sumado al hecho de no dormir, de hablar a gritos, pasar frío por el aire acondicionado y sentir que no podía escuchar ni mis propios pensamientos por la música tan alta, me dejaban totalmente K.O. física, emocional y energéticamente. Pero gracias a esa etapa descubrí a la persona que soy hoy, así que lo agradezco cada día y comprendo su utilidad y causalidad. 

Eso no quiere decir que las personas PAS montemos un drama por todo o lloremos por cualquier cosa. Precisamente, a lo largo de nuestra vida, muchas hemos trabajado (y seguimos) en aprender a gestionar nuestras emociones, desarrollando mayor inteligencia emocional, entendimiento y fortaleza. Trabajando la resilencia, la aceptación, el autoapoyo, aprendiendo a gestionar la baja tolerancia a la frustración y al fracaso, a las críticas, la culpa, moderando la autoexigencia y adquiriendo una visión mucho más objetiva y relajada de la vida. 

Pero es cierto, que para muchas personas sensibles, la tristeza llega a resultar algo incluso atrayente, a mí me ha pasado mucho tiempo. Como una zona de confort donde poder conectar con mis emociones y expresarlas. Siempre en la intimidad, para no sentirme juzgada, conectando mediante el arte (pintura, música, lectura, escritura...), evitando la comunicación directa con el otro, ya que, con frecuencia, resulta demasiado intensa. 

Sin embargo, afrontar el miedo a compartir y gestionar esa sensibilidad, esa vulnerabilidad y relacionarme directamente el mundo, es lo que me ha hecho crecer y madurar. Mostrarme sin corazas, ver mi reflejo en las relaciones, conocerme, aprender a transitar el enfado, a confiar, a perdonar(me) y a amar(me) plenamente. Hoy siento que todo eso nos hace libres y felices. 

Sensibilidad no es, necesariamente, sinónimo de tristeza e introversión. Y la soledad tampoco es equivalente a tristeza, pero puede serlo cuando sientes que es el único lugar donde puedes ser tú, donde puedes disfrutar de tu mundo interior sin desentonar. Por eso es importante aprender que hay un tiempo para cada cosa, que cada persona es diferente y está bien así. Puedes disfrutar mucho de socializar, sin intentar agradar, ni adaptarte, sin renunciar a tu esencia y hacer que ese encuentro no resulte agotador y frustrante. En la infancia y la adolescencia esto se hace más difícil, pues ahí es común sentirse desubicado/a y, además, dependemos del núcleo familiar. Pero generalmente, en edad adulta tú eliges tus círculos más cercanos y solemos formar vínculos con personas con una vibración parecida a la nuestra. El equilibrio, para mí, está en disfrutar y nutrirse del contacto con el otro, aceptando la relación tal y como es, y también regocijarse en el tiempo que dedicas a conectar con tu alma en soledad. 


¿Pero, que supone exactamente ser PAS?

La alta sensibilidad o Sensibilidad de Procesamiento Sensorial (SPS) es un rasgo de la personalidad, descrito en los años 90 por la psicóloga estadounidense Elaine Aron. Las personas con este rasgo tienen sistema neurosensorial más perceptivo y captan un volumen más elevado de estímulos del entorno. La alta sensibilidad es un rasgo hereditario. Un 70% de las personas con alta sensibilidad (PAS) son introvertidas, mientras que el 30% son extrovertidas. Se estima que entre un 15%  y un 20% de la población es PAS, es decir, una de cada cinco personas.

Las cuatro características que definen a las personas altamente sensibles de acuerdo con la Dra. Elaine Aron son:

  1. Procesamiento y pensamiento profundo y reflexivo
  2. Alta emocionalidad y empatía.
  3. Alta sensorialidad, acompañada de una capacidad acentuada para captar gran cantidad de matices y detalles del entorno.
  4. Facilidad para padecer saturación física o emocional y agotamiento.

En la 2ª Parte de este artículo te detallo como detectar si presentas estas 4 características.

Realiza este test, si sientes que puedes ser PAS.